Elecciones de octubre: los tercios que vos matás, gozan de buena salud
Por Humberto Benedetto
Las
elecciones legislativas de octubre motivan análisis previos cargados de
suspicacias políticas, económicas y sociales que poco tendrán que ver con lo
que realmente ocurrirá el día después del 27 de octubre. Para tristeza de
tantos que hablarán hasta esa fecha, la Argentina seguirá siendo un escenario
de tres tercios, aunque uno de ellos se encuentre disperso.
Los
que creen que el gobierno va a perder quedarán decepcionados. Y los que
fantasean con ser los enterradores del kirchnerismo, también. Las encuestas
provincia por provincia y las proyecciones de distribución de bancas así lo
indican: La Libertad Avanza, presentando listas en todas las provincias —en
algunas en alianza con el PRO, pero en general yendo sola— alcanzaría cerca de
90 diputados, una cifra que le permitiría sostener vetos y juicios políticos,
aunque no aprobar muchas iniciativas propias.
Por
otro lado, el kirchnerismo —ahora con marca renovada— retendría una cifra
similar, apenas perdiendo entre 7 y 8 bancas de las 98 que ostenta actualmente.
Fuera de estos dos polos, quedará el remanente de lo que fue Juntos por el
Cambio, ahora dividido en bloques más pequeños. El debut de Provincias Unidas
intentará nuclear fuerzas moderadas, tanto peronistas como no peronistas,
aunque ese desafío será complejo: los espacios peronistas independientes
constituyen un conjunto interesante, pero difícil de amalgamar.
La
polarización kirchnerismo-antikirchnerismo solo se da en algunas provincias
como Entre Ríos, Mendoza, Buenos Aires y CABA. En el resto, emerge una tercera
fuerza más cercana a los gobernadores peronistas o radicales, que representará
lo que los extremos no pueden hacer, aunque sin identidad nacional. Estas
expresiones moderadas suman cerca del 20% del electorado, pero están
fragmentadas entre Provincias Unidas, gobiernos radicales y gobernadores
peronistas no K.
De
todos modos, estas fuerzas sumarán aproximadamente 70 diputados, suficientes
para convertirse en árbitros de las iniciativas de uno y otro extremo.
Con
un oficialismo proyectando entre 35% y 40% de los votos, no podrá convencer a
los mercados de que las ideas populistas han muerto. Y el kirchnerismo, con una
cifra cercana a los 30 puntos, tampoco podrá declarar que el gobierno está
acabado. Lo que sí parece acabado es aquello que hace apenas cuatro años
contenía la expectativa de ser gobierno: una fuerza que reunía a sectores
moderados bajo el nombre de Juntos por el Cambio.
En
contraposición, los peronismos provinciales seguirán en su eterno juego de
equilibrios, destinados a retener sus territorios. El radicalismo, otro tanto.
Pero les será difícil constituir un espacio común, porque la tan mentada “ancha
avenida del centro” es, en realidad, apenas un conjunto de bicisendas con
destinos paralelos.
Las
próximas elecciones, como ha ocurrido en varios ciclos recientes en la
Argentina, no determinarán el futuro a largo plazo. Más bien trasladarán por
otros dos años la batalla entre el populismo que debería morir y la libertad
que debería crecer —o, visto desde el otro lado, el regreso del pueblo frente a
una derecha cruel. Una vez más, los sectores de centro quedarán como árbitros,
intentando conformar un espacio que, si se uniera, podría ser gobierno en una
hipotética segunda vuelta contra alguno de los dos extremos.
Pero lejos de morir, los tercios de 2015 y 2023 seguirán gozando de buena salud. Algunos engordarán un poco, otros perderán algo de peso. Pero ahí estarán: vivos, ruidosos y listos para otra ronda.
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