El dólar en Argentina: El miedo a flotar
La
cotización del dólar en Argentina ha vuelto a ocupar el centro del debate
económico. Con un valor que ya roza los $1.400, muy por encima de los $1.000
previstos por el Gobierno en su esquema de bandas cambiarias, la pregunta que
se impone es si este salto representa una corrección saludable o una señal de
alarma.
Desde
que asumió el actual gobierno, esta situación ocurrió cuatro veces: En
principio el valor del dólar actual es el mismo de hace exactamente hace un año,
ya que en el inicio de agosto de 2024 el valor del dólar (blue) era 1380 pesos,
lo que en principio representa que quienes apostaron al dólar en este año
arañaron un empate, pero aquellos que por el contrario apostaron al peso y lo
invirtieron en cualquier plazo fijo o en bonos del gobierno ganaron en dolares
cifras cercanas al 40 por ciento en doce meses.
Y
entonces nos preguntamos: ¿por qué hay tanta expectativa con respecto al dólar
si hace un año tuvo una suba estacional y para diciembre habia bajado a 1100? ¿Por
qué inversores que ganaron el 40 por ciento anual en dolares deciden salir del
llamado carry trade? ¿Por qué tanto alboroto si ya paso tres veces durante este
gobierno el dólar subio y luego bajo casi sin que el banco central perdiera
divisas?
Desde
el oficialismo se insiste en que el tipo de cambio real multilateral ha
mejorado, que no hay traslado inmediato a precios, y que el Banco Central
mantiene el control del mercado mediante intervenciones puntuales. Sin embargo,
el mercado parece haber desanclado sus expectativas. La demanda de dólares se
intensifica en los meses de julio y agosto, como ocurre históricamente, pero
esta vez se suma la incertidumbre electoral, el desarme del carry trade y la
caída en la liquidación de exportaciones. El resultado es una presión sostenida
sobre el dólar financiero, que ya supera las proyecciones del REM y de
consultoras privadas.
¿Puede
bajar el dólar de acá a diciembre? Técnicamente, sí. Pero para que eso ocurra
deberían alinearse varios factores: una reversión de la dolarización
preelectoral, un ingreso significativo de divisas vía organismos
multilaterales, y una señal clara de estabilidad política. Nada de eso parece
garantizado. De hecho, el mercado ya descuenta que el tipo de cambio oficial se
acercará a los $1.400 hacia fin de año, en línea con lo que proyecta el Bank of
America si se concreta la unificación cambiaria.
La
unificación, prevista para diciembre según fuentes oficiales y privadas,
implicaría el fin del cepo, la eliminación del dólar blend y la adopción de un
régimen de flotación administrada. En teoría, esto permitiría mayor
transparencia, competitividad y acceso a los mercados. En la práctica,
dependerá de las reservas disponibles, del respaldo político y de la capacidad
del Gobierno para contener el impacto inflacionario.
En
este contexto, el dólar alto no es necesariamente una mala noticia. Puede
corregir el atraso cambiario, mejorar la competitividad externa y dar señales
de sinceramiento. Pero si no está acompañado por un programa fiscal
consistente, una estrategia de acumulación de reservas y un horizonte político
claro, se convierte en síntoma de fragilidad.
La
clave está en el equilibrio. Un dólar más realista puede ser parte de la
solución, pero sin confianza, sin institucionalidad y sin un rumbo claro, corre
el riesgo de convertirse en otro capítulo de la volatilidad crónica que
Argentina no logra superar.
Comentarios
Publicar un comentario