Maduro: ¿Y ahora quién podrá defenderlo?

 



La región vuelve a mirar al Caribe con inquietud. Estados Unidos ha desplegado una fuerza naval de más de 4.500 efectivos frente a las costas venezolanas, bajo el argumento de combatir el narcotráfico. Pero el volumen del operativo, la retórica beligerante y el contexto político sugieren algo más profundo: una reedición de la doctrina Monroe en pleno siglo XXI.

Washington acusa al presidente Nicolás Maduro de liderar el Cartel de los Soles y ha duplicado la recompensa por su captura. La narrativa oficial habla de “organizaciones narcoterroristas”, pero el despliegue recuerda demasiado a la invasión de Panamá en 1989. Esta vez, sin embargo, el escenario es más complejo: Venezuela posee un aparato militar robusto, alianzas internacionales activas y una frontera compartida con Colombia y Brasil.

Maduro ha respondido con una movilización masiva. Activó 15.000 efectivos en la frontera con Colombia, lanzó patrullajes intensivos en el Lago de Maracaibo y el Golfo de Venezuela, y convocó a más de 4 millones de milicianos en una jornada de “alistamiento nacional”. La retórica chavista se refuerza con cada buque que se acerca, mientras el país se atrinchera en una narrativa de resistencia. Fiel al estilo burdo del dictador, hubo imágenes de gente con arcos y flechas y youtubers hablando sobre Venezuela como la Vietnam del siglo XXI que parecen unas especies de Chapulines Chavistas que muestran la orfandad del régimen y el aislamiento internacional cosechado luego de las fraudulentas elecciones presidenciales.

Porque más allá del ruido interno, lo que queda en evidencia es el aislamiento creciente del régimen. Cuba, su aliado más fiel, ha prometido respaldo total y denunció el despliegue como parte de una agenda imperialista. México, en cambio, se mantiene firme en su doctrina de no intervención, sin ofrecer apoyo explícito. Colombia oscila entre la crítica política de Gustavo Petro y la cooperación operativa de su Ministerio de Defensa con Washington. Brasil, por su parte, refuerza la vigilancia en la frontera norte, pero evita cualquier alineamiento directo.

Los aliados extrarregionales tampoco ofrecen garantías. Rusia reafirma su apoyo diplomático, pero evita comprometerse militarmente. China condena el despliegue y exige respeto a la soberanía regional, aunque su respaldo se limita a lo económico. Irán, con tono confrontativo, denuncia una “guerra peligrosa” y solicita una reunión urgente del Consejo de Seguridad, pero no hay señales de acción concreta.

Incluso la ONU, a través de António Guterres, ha pedido bajar la tensión y resolver diferencias por medios pacíficos, sin condenar explícitamente a Estados Unidos. La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP) denunció que el despliegue viola el Tratado de Tlatelolco, que prohíbe armas nucleares en América Latina, y exigió garantías de no uso de fuerza. Pero más allá de las declaraciones, nadie parece dispuesto a intervenir.

La pregunta del título —¿y ahora quién podrá defenderlo? — no busca victimizar al régimen, sino exponer su orfandad estratégica. Venezuela no está sola por falta de discursos. Está sola porque nadie quiere cargar con su defensa. Ni Rusia, ni China, ni Irán están dispuestos a arriesgar capital político o militar por un régimen que ya no representa ni estabilidad ni legitimidad. América Latina, por su parte, se limita a gestos diplomáticos, mientras evita cualquier confrontación directa.

El despliegue militar estadounidense no solo pone presión sobre Caracas. Expone la fragilidad de un régimen que durante años se sostuvo en alianzas ideológicas, subsidios energéticos y retórica antiimperialista. Hoy, ese andamiaje cruje. Y la pregunta se responde sola: nadie quiere hacerlo, ni siquiera el Chapulín Colorado.

 

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