¿Qué hacemos con Gaza?

 



La Franja de Gaza se ha convertido en el epicentro de una tragedia que interpela no solo a Medio Oriente, sino a toda la comunidad internacional. Más de dos millones de personas viven atrapadas entre el asedio militar, el colapso humanitario y la indiferencia diplomática. Gaza no es solo una crisis: es un espejo incómodo de nuestras prioridades globales.

Gaza no es un problema humanitario. Es un problema político.

Reducir Gaza a una “emergencia humanitaria” es una forma de neutralizar su dimensión política. No se trata solo de hambre, sino de soberanía. No es solo destrucción, sino desposesión. Desde 2007, Gaza está bajo el control de Hamas, una organización que llegó al poder por vía electoral pero que consolidó su dominio por la fuerza. Desde entonces, no hay elecciones, no hay pluralismo, y no hay espacio para la disidencia interna.

Pero el bloqueo impuesto por Israel —con la complicidad de Egipto y el silencio de muchos actores internacionales— ha convertido a Gaza en una prisión a cielo abierto. La población civil paga el precio de una guerra que no eligió, mientras los recursos naturales de la región, como el gas marino, son explotados o bloqueados por intereses externos.

¿Y la comunidad internacional?

La respuesta global oscila entre la hipocresía y la impotencia. Estados Unidos lanza paquetes de ayuda aérea mientras veta el reconocimiento pleno de Palestina en la ONU. Europa condena la violencia pero sigue vendiendo armas. América Latina, históricamente más sensible a las causas del Sur Global, se divide entre gestos simbólicos y alineamientos estratégicos.

Argentina, por ejemplo, ha dado señales contradictorias: mientras el canciller reconoce la existencia de hambre en Gaza, el gobierno mantiene una postura ambigua frente al reconocimiento del Estado palestino. ¿Es posible una diplomacia que combine principios con pragmatismo?

🧭 ¿Qué hacemos con Gaza?

La pregunta no admite respuestas fáciles. Pero sí exige claridad moral y política. Gaza necesita:

- Un alto el fuego inmediato y verificable.

- Acceso irrestricto a ayuda humanitaria.

- Reconocimiento del derecho palestino a la autodeterminación.

- Presión internacional para elecciones libres en Gaza y Cisjordania.

- Un marco multilateral para la explotación justa de sus recursos naturales.

No se trata de elegir entre Hamas e Israel. Se trata de elegir entre el cinismo y la dignidad. Gaza no es un callejón sin salida. Es una oportunidad para redefinir qué entendemos por justicia internacional.

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